16/02/2016

Ya no más fertilizantes

“No supo precisar a cuántas personas se perjudicaría si este programa llega a desaparecer, pero sí dijo que el presupuesto necesario para su implementación es superior a los Q400 millones”. Razón más que suficiente para descontinuar tan cuestionado programa. No hay necesidad alguna de buscar ayuda con gobiernos amigos, donantes privados u organismos internacionales. Si de verdad el nuevo gobierno quiere “marcar la diferencia” lo único que tendría que hacer es cerrar, de una vez por todas, el programa en cuestión e iniciar una profunda investigación acerca de la forma en que ha sido manejado en el pasado. En sus 15 años de existencia el Programa de Fertilizantes ha sido uno de los programas gubernamentales más cuestionados por su corte clientelar, escasos resultados y cuestionables manejos. Más de Q3 mil millones han sido erogados en la compra y posterior distribución de fertilizantes entre agricultores pobres y extremadamente pobres, sin que exista evaluación alguna en donde se demuestre fehacientemente su impacto positivo sobre la supuesta población beneficiaria.

Por si fuera poco, alrededor de este programa existe un amplio consenso entre expertos que rara vez se alcanza en Guatemala; centros de investigación de todo tipo de orientación económica y política han coincidido en la necesidad de su reforma profunda o cierre inmediato. En distintos estudios ha quedado demostrado el alto costo de oportunidad de los fondos que se dedican al programa; la ausencia de una línea base sobre la cual evaluar sus resultados; la falta de criterios técnicos para seleccionar a los beneficiarios del programa y a los proveedores del producto; el clientelismo y opacidad en las operaciones asociadas con la adquisición y distribución del fertilizante, y la falta de resultados.

En materia presupuestaria nunca sobran Q400 millones, mucho menos en la situación actual; en lugar de gastar tiempo y recursos tratando de resucitar un muerto, lo mejor para el país sería ahorrarse esos recursos. Sufre innecesariamente el Ministro de Agricultura preocupándose por conseguir recursos financieros o buscando donantes en especie para continuar el referido programa. Se equivoca si cree que dicho programa puede ser llevado a cabo de manera no clientelar y de forma técnica; no es el primer funcionario que utiliza esas palabras para justificar la existencia de tan cuestionado programa. Sobra decir cuáles han sido los resultados de todas las iniciativas anteriores que han descansado sobre “bases técnicas”, “seguimiento a los beneficiarios” o “enfoque integral”. Si a esto se suma el faltante de recursos que tanto aflige al gobierno y la, esperada, independencia de las nuevas autoridades del MAGA respecto de los intereses tradicionales detrás de este programa, este es el momento para “hacer la diferencia” y realizar lo que ninguno de los cuatro gobiernos anteriores se atrevieron a llevar a cabo: cerrar el programa.

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