14/01/2020

Volver a empezar

Escrito por: Hugo Maul Rivas

Guatemala, 14 de enero del 2019

Si se pudiera retroceder el tiempo al 14 enero de 2016, en muchas cosas, parecería que el tiempo no pasó durante estos últimos cuatro años. A grandes rasgos, los desafíos fundamentales que Guatemala afrontaba en aquel entonces siguen siendo los mismos. La mayoría de condiciones económicas sociales y políticas que recibió Morales al asumir el poder son las mismas a las que recibe hoy el nuevo gobierno. Así como sería injusto decir que no hubo avances durante la administración que hoy termina su período, también sería injusto negar los importantes retrocesos que sufrió el país en muchas áreas. En términos generales, la administración que hoy termina su período será recordada por haber dejado en segundo o tercer plano de importancia muchos temas sustantivos para el desarrollo de Guatemala. Sin duda, cuando dentro de algunas décadas se recuerde este período de gobierno, una de las primeras y pocas cosas por lo que se le recordará será por el marcado clima de polarización y la confrontación que ocurrió en torno al tema del combate contra la corrupción. Absorbió tanta atención este conflicto entre la mayoría de actores estratégicos de la escena nacional que no quedó espacio alguno para abordar, entre otros, temas como la promoción del empleo y la inversión, la reforma al sector justicia, el combate a la desnutrición y la pobreza, desarrollo de nueva infraestructura, mejorar la calidad y cobertura de los servicios públicos esenciales.

Al final de cuentas, suponiendo que la confrontación alrededor del tema del combate contra la corrupción hubiese sido un juego de suma cero entre los contendientes principales, es decir, suponiendo que lo ganaron unos fue lo que perdieron otros, para el país esta confrontación tuvo un saldo negativo. El país terminó perdiendo en términos de todo aquello que no se hizo, se hizo mal o de manera parcial debido a que muchos funcionarios públicos, políticos, operadores de justicia, sociedad civil y empresariado concentraron toda su atención y fuerzas en esta lucha. Situación que coloca hoy al país en una situación de deterioro institucional muy grande en el ámbito de la administración de justicia, capacidad para combatir el crimen organizado y el narcotráfico, lucha contra la corrupción y efectividad de la acción gubernamental. Situaciones que, de no enderezarse drásticamente en el corto plazo, en acción concertada entre el nuevo gobierno y los partidos políticos representados en el Congreso, probablemente habría que empezar a contar la historia a partir de 2020 como si se estuviese repitiendo la de 2015. El nuevo gobierno no la tiene fácil; sin embargo, tiene en sus manos la oportunidad para retomar el rumbo y dirigir al país en la dirección correcta para evitar sumir al país en el caos y la destrucción a la que parecería estar condenado de cambiarse el rumbo.

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