08/02/2022

Viejas lecciones olvidadas

Escrito por: Hugo Maul Rivas

Guatemala, 08 de febrero del 2022

“Todas las economías tienen una reserva limitada de credibilidad política y recursos. Es mejor usarlos para mitigar dificultades económicas genuinas que para proteger a quienes pueden afrontar un poco de sufrimiento. Si todos quieren regalos, la cuenta le llegará finalmente a quienes menos capaces sean de pagarla”. Según el autor de estas líneas, un profesor de la Universidad de Chicago y exdirector del banco central de la India, los países más desarrollados parecen no haber aprendido aún esta lección. Lección que, según este autor, “las economías de los mercados emergentes tuvieron que aprender por las malas”, pero que, desde la perspectiva latinoamericana actual, parece que ya se olvidó y muchos gobiernos de la región parecen decididos a acabar con la poca credibilidad que todavía tienen, cueste lo que cueste. Haber hecho caso omiso de esta lección al inicio de la pandemia podría resultar comprensible e, incluso, necesario. Lo cual no implica que quienes hicieron caso omiso de ella puedan librarse de sus consecuencias; peor aún si los programas que se financiaron por medio de la deuda pública no cumplieron mínimamente con proteger económicamente a los grupos más golpeados por la pandemia.

Tal como la historia lo demuestra, el problema no es, necesariamente, el nivel de endeudamiento que tienen los países, sino el irrefrenable deseo de los políticos de quedar bien con los votantes en el cortísimo plazo. Deseo que, como se ha visto, puede tomar la forma de intervenciones mal diseñadas y altamente costosas, sea que se trate de programas asistencialistas, subsidios generalizados, proyectos de infraestructura, programas de empleo público, pagos por reparaciones por supuestos daños, etcétera. La lista de malos ejemplos es interminable, es la historia de nunca acabar. Una experiencia que Latinoamérica conoce bien y que a finales del siglo pasado sirvió para quebrar a varios países de la región. Una experiencia que empieza a repetirse nuevamente a lo largo y ancho del continente, y del mundo. Pareciera que uno de los efectos persistentes del COVID-19 ha sido borrar de la memoria colectiva los altos costos que tienen este tipo de medidas populacheras. Seguir haciendo caso omiso de la lección enunciada al inicio de este espacio resulta muy riesgoso, incluso para economías con niveles relativamente bajos de endeudamiento y rebosantes de efectivo en sus cajas, como Guatemala hoy en día. Sobre todo cuando se financian con crecientes niveles de endeudamiento dentro de un contexto internacional en donde parece que el periodo de las bajas tasas de interés ha llegado a su fin. Los dolorosos ajustes que serán necesarios en el futuro para hacer frente al endeudamiento excesivo mal utilizado son parte de la ecuación, aunque algunos se nieguen a ver dicha realidad.

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