06/04/2016

TICS: No hay que perder el tren

Luz eléctrica y motores eléctricos; motor de combustión interna; petroquímica y farmacéuticos; infraestructura sanitaria, agua potable entubada y plomería; comunicaciones, información y entretenimiento. Según muchos historiadores económicos, estos cinco grupos de invenciones constituyen la fuente principal del rápido incremento en la productividad y los ingresos experimentados en el mundo, durante los últimos 150 años. Como bien lo explica R. Gordon, connotado economista norteamericano, la invención de la luz eléctrica le añadió horas al día y el motor eléctrico revolucionó la industria y el hogar; el motor de combustión interna y el automóvil revolucionó el transporte de personas y mercancías; la petroquímica, plásticos y la farmacéutica permitieron el desarrollo de nuevos materiales, combustibles y curas para enfermedades; la infraestructura sanitaria y el agua potable entubada redujeron de forma importante las tasas de mortalidad; y, las tecnologías de comunicaciones e información hicieron el mundo más pequeño y más interconectado.

¿Qué sentido tiene esta reseña histórica en pleno siglo XXI? Primero, arrojar luz sobre la importancia de seguir invirtiendo en sectores clave para el desarrollo del país: electricidad, comunicaciones de todo tipo; saneamiento y agua potable; e investigación y desarrollo. Aunque parezca redundante, es importante repetir la importancia de este tipo de inversiones de cara a ciertos movimientos ideológicos radicales que se oponen a ellas. La actitud de estos movimientos es un error pues estas tecnologías han mejorado, por mucho, el bienestar de la humanidad.

Segundo, para llamar la atención respecto de una nueva ola de invenciones y desarrollos tecnológicos que están cambiando la forma en que funciona el mundo, igual como lo hicieron las invenciones anteriormente mencionadas. Efectivamente, la revolución en las tecnologías de la información y las comunicaciones prometen ser en el siglo XXI lo que fue la electricidad o el motor de combustión en el siglo XX. Esto va más allá de comprar libros vía Internet o contar con teléfonos móviles con juegos y aplicaciones para depositar cheques o para evitar la congestión vehicular. Esto incluye formas de incrementar el valor agregado de los “viejos sectores”, para que los consumidores de fresas guatemaltecas en Canadá sepan sobre los métodos empleados para controlar plagas y para que las refrigeradoras guatemaltecas en Europa ajusten la temperatura automáticamente según los productos en ella y avisen cuando los mismos están vencidos.

Tercero, para hacer un llamado para “no perder el tren” otra vez. Sería un error cruzarse de brazos y ver cómo, nuevamente, Guatemala desaprovecha otra oportunidad para desarrollarse. Sería lamentable que con las tecnologías de comunicaciones e información ocurriese lo mismo que con el ferrocarril, el cual ha quedado totalmente en el abandono, desperdiciándose así importantes posibilidades de desarrollo, especialmente en el interior del país.

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