SAT: Reformas a la carrera – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
26/04/2016

SAT: Reformas a la carrera

En asuntos como la reforma de la SAT no se puede andar con prisas. Es tanto el poder y la discrecionalidad que se deja en manos de quienes dirigen la institución que lo menos que podría hacerse es reflexionar detenidamente al respecto. En realidad, nada muy grave sucedería con la SAT y la recaudación tributaria si dicha reforma no se aprueba de manera urgente durante las próximas semanas. Si ya se ha esperado un año, no hace mucha diferencia esperar unas cuantas semanas o un par de meses más. Sobre todo, si Ejecutivo y Legislativo están dispuestos a dejar trabajar a las nuevas autoridades de la SAT y no interferir en asuntos internos de la institución. Las ocasiones que esto ha ocurrido en el pasado reciente han sido acompañadas de una mejora sustantiva en los indicadores de efectividad y eficiencia de la institución. Lo cual, de ocurrir nuevamente ahora, permitiría contar con un valioso margen de tiempo adicional para discutir más amplia y profundamente la reforma propuesta.

Tal y como está hoy diseñada la reforma, Iniciativa de Ley No. 5056, la SAT resultante sería el sueño más anhelado de cualquier político interesado en utilizar el poder de la SAT en su propio beneficio. Un asunto que, contrario a lo que argumentan algunos de los autores de la reforma, no solo se limita a la integración del Directorio con funcionarios con claras funciones políticas sino a una serie de disposiciones que terminan supeditando áreas críticas de control y supervisión a la autoridad del Superintendente. En todo caso, tal integración del Directorio es solo la envoltura de un “tamal” mucho más elaborado en donde, bajo la excusa de fortalecer el poder Ejecutivo, se entrega el control de la SAT a las autoridades políticas de turno por medio de su influencia directa sobre el Directorio y Superintendente.

Además, en reformas tan amplias como la que se pretende siempre se incurre en contradicciones, conflictos con otras normativas, incongruencias y faltantes que merecen un proceso de discusión más amplio y menos presuroso. Existen también opiniones técnicas que no pueden, ni deben, ser pasadas por alto por más urgente que sea la reforma. Sobre todo cuando es bien conocido que reconocidos expertos en la materia no participaron en el proceso de consultas y/o se retiraron del mismo por el giro que estaban tomando las negociaciones en la mesa de discusión. Ante esta situación, la prudencia indicaría que el Congreso debería tomarse una pausa para discutir más profundamente la iniciativa presentada e incorporar elementos que fueron dejados fuera del análisis por las prisas y los intereses políticos de algunos de los expertos responsables de la propuesta. Ya
sea que el Congreso atienda el consejo de ir más despacio o no, lo que debe evitarse es aprobar una nueva reforma que termine causando más problemas que los que resuelve, así como sucedió con la Ley de Contrataciones del Estado, la Actualización Tributaria, los Certificados de Disponibilidad Financiera y muchas otras reformas con el mismo tipo de origen.

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