01/02/2021

Sabiduría de vida del Acatenango

Escrito por: María del Carmen Aceña

Guatemala, 01 de febrero del 2021

De joven frecuentaba un grupo de amigos con quienes dos veces al mes viajábamos alrededor de Guatemala. Era fascinante conocer lugares hermosos y compartir con los lugareños. Solíamos por la noche charlar de cómo podíamos desarrollar el país; conservar la belleza natural, mejorar la nutrición de los niños, educar a los jóvenes y lograr prosperidad y bienestar para todos.
Uno de los pendientes en mi lista era subir el volcán Acatenango. Las personas que lo han realizado me comentaban que tenía una de las vistas más bonitas de Guatemala. Aunque se advertía que escalarlo era desafiante y de gran dificultad.

Recientemente escuché a varios amigos que ir al volcán Pacaya en esta época es todo un espectáculo debido a su erupción. Prácticamente todos los días salen excursiones y uno de los atractivos es que preparan pizza en horno de lava, algo realmente exótico y creativo.
Hace unos días un querido primo y además compañero de colegio, preguntó quién se apuntaba para subir el Acatenango. Realmente ni lo pensé, fui la primera en apuntarme de seis. Así que partimos el sábado pasado a la una de la mañana.

Era una noche maravillosa, la luna llena nos guiaría todo el camino. Mi primo todo un experto de años, contrató un guía, Fernando, de la comunidad. El iba al frente y el consejo era “cada quién hágalo a su ritmo; no se trata de sufrir, sino de disfrutar”. Inspirados en llegar al cráter, encontrarse con la salida del sol y lograr un sueño, iniciamos la jornada.
Mucho se aprende en el camino. Algo importante es estar en buenas condiciones físicas, tener la preparación mental y contar con la vestimenta adecuada. El volcán tiene condiciones de terreno desafiantes: el cambio de altura a casi 4,000 metros, la temperatura en la cumbre es muy baja (con suerte 0 grados), el viento es fuerte y el esfuerzo físico es grande.

Pasamos por tres fases para llegar a la cumbre. Durante la primera íbamos todos juntos, en el sendero. Cada quién a su velocidad, poco a poco nos fuimos separando, siempre el guía pendiente. Pronto se sintió la falta de oxígeno, algunos con mareo por la altura y un frío intenso; pero al amanecer nos dio la bienvenida con el majestuoso volcán de Agua, ahora desde arriba.
Luego vino una parte relativamente plana y sabíamos que venía el desafío más grande, subir al cráter. Por el tipo de terreno, escalar la última parte es complejo, ya que es resbaladiza por ser muy arenosa. Acá cada quién subió prácticamente solo. Dos del grupo lo hicieron sin mucha dificultad llegando antes. Aproveché esos momentos para pensar que el esfuerzo físico está estrechamente ligado con la actitud mental. Aunque es cansado, la mente juega un papel clave para seguir. Importante no frustrase sino lograr serenidad. Ya con la primera luz del día, podía ver lo que enfrentaba. El corazón me palpitaba, la boca reseca y el cuerpo pedía receso.
Paso a paso, entre caída y levantada, saludando a otros caminantes que me animaban, llegué a la cumbre absolutamente realizada. Pensaba en cómo esta experiencia es tan similar a la vida. Los momentos duros no llevan a los mejores lugares. Es importante no darse por vencido. “Si te caes, levántate. Si desconoces el camino, pide luz a los demás. Mira el camino recorrido y agradece, no solo te centres en lo que te falta, sino mira lo recorrido.”, pensaba.

Llegando a la cumbre es muy difícil describir lo maravilloso que es el panorama. Sentía el alma llena de tan hermosa vista y del logro alcanzado. El cielo, los volcanes, las nubes, la luna, el lago de Atitlán, hasta el mar se divisaba. El volcán de fuego retumbaba y los varios aficionados en la cumbre daban la bienvenida a los que iban llegando.

Poco a poco se fueron asomando los otros compañeros. Uno a pesar de tener problemas respiratorios, con determinación, lo logró. Su pareja, más joven que los demás, llegó muy tranquila, a su ritmo. Y una compañera, que se había quedado abajo, desbloqueó su mente, hizo una pausa, tomó algo de alimento, recuperó energía y con otros senderistas alcanzó la cima.
Vernos a todos allá arriba fue un gozo. Con chocolate caliente y un gran abrazo nos dimos calor. Apreciamos esa maravilla, respiramos profundo y dimos gracias a Dios por tan linda experiencia. Luego dimos una pequeña caminata bordeando el cráter, contemplamos todo lo que se miraba alrededor y emprendimos el camino de regreso.

Todos cuentan lo difícil que es llegar a la cumbre, pero pocos describen las dificultadas de bajar. Muy similar en la vida. Hay altas y bajas. Por un momento dos de nosotros nos perdimos del grupo. Sin señal de celular y sin una guía, decidimos aplicar una estrategia con lo que sabíamos. Tal vez fue la parte más desafiante, pero enseña qué si en la vida tienes momentos complicados hay que confiar en el instinto, planificar tus siguientes pasos, afrontar lo que viene y qué mejor tener alguien con quién compartirlos.
Horas más tarde nos encontramos de nuevo todos y compartimos nuestras maravillosas experiencias. Siempre nos acompañó el buen humor. Fue interesante escuchar cómo funciona la logística del volcán. Participan muchas personas de la comunidad y organizados como pequeños empresarios, prestan sus servicios al turismo. Los guías son locales, los bomberos de Dueñas colaboran, y todos cooperan para la seguridad de los vulcanistas para que vivan su aventura tranquilos, sin temor, para que luego recomienden la excursión e inspiren a otros. Vienen personas del todo el mundo y se maravillan de nuestra geografía y buen trato.

Un día después pienso: Guatemala tiene tanto potencial. Es cuestión de tener una visión común, ponernos metas, prepararnos, contar con un plan, trabajar arduamente, hacer equipo y empezar a caminar para lograr nuestros anhelados sueños. Aunque el camino se ponga difícil, no claudicar; sino hacer una pausa y seguir adelante. ¿Ha escalado algún volcán de Guatemala? ¿Qué reto físico tiene en mente? ¿Cómo logramos enfoque de futuro?

Artículos, Expertos
About María del Carmen Aceña