14/10/2015

Primera infancia: etapa clave

Es de reconocer que todos los niños al nacer tienen el mismo potencial. Los programas para la atención de la primera infancia, que comprende la etapa de la vida entre los 0 y los 6 años, resultan muy importantes, ya que pueden determinar al grado de desarrollo de integral de una persona a lo largo de su vida escolar así como laboral cuando se inserte en el mundo del trabajo.

Recientemente, Empresarios por la Educación, con apoyo de OEI, Unesco y Reduca, llevó a cabo un foro titulado Primera infancia: etapa clave en el desarrollo humano. En dicho foro participaron expertos y ejecutores de programas que velan por la primera infancia en todo el país, e incluso se conoció un caso de los círculos comunitarios de atención integral a la primera infancia de El Salvador, experiencia que obtuvo recientemente un reconocimiento a nivel latinoamericano.

Entre los expositores, el Dr. Martínez, médico colombiano, indicó que las experiencias tempranas del niño influyen en la cimentación: a) Cerebral; b) Del lenguaje y otras habilidades cognitivas; c) Del desarrollo social y emocional. Si el infante crece bien, desarrolla bien su cuerpo y su cerebro. Quienes han tenido la oportunidad de participar en algún programa bien estructurado, aprenden más rápido y son más sociables. Este desarrollo se da en los primeros dos años de su vida. De allí la importancia de enfocar muchas de las políticas públicas y programas gubernamentales para garantizar una atención de calidad a la primera infancia.

Los circuitos cerebrales están vinculados a la capacidad de narrar y hacer historias. Es el aula donde esto se desarrolla, comentó el experto colombiano convocado. Al recalcar la importancia de invertir en la niñez, indicó que si no se priorizan estos programas, se pierden oportunidades de desarrollo humano que no se recuperan. Por ejemplo, pasados los dos años de vida los daños causados por la desnutrición son para toda la vida.Y ello repercute en que la probabilidad de ser un adulto pobre es mayor.

La gran pregunta es qué hacer cuando tenemos un presupuesto limitado como sucede en Guatemala. Tenemos ingresos tributarios por cerca de 54 mil millones de quetzales. Y, aunque el proyecto de presupuesto que se presentó al Congreso supera los 72 mil millones, se estima por parte de los expertos en temas fiscales que no se podrá financiar. Por tanto, es necesario priorizar el gasto público.

Los programas orientados a la primera infancia deberán ser considerados número uno, frente a otros gastos de poca o nula rentabilidad social, como serían los subsidios al transporte urbano, los subsidios a las pensiones, los fertilizantes o los gastos innecesarios en comunicación social de algunas secretarías o ministerios, así como el exceso de personal que no está orientado a los servicios a los ciudadanos o las familias.

Es pues de priorizar acciones de salud y combate a la desnutrición crónica, comprendidos en la Ventana de los mil días, que engloba la atención a las madres embarazadas, al niño recién nacido, y el control del niño hasta los dos años de edad. Se requiere garantizar la vacunación para el 100% de los niños, y la adecuada gestión de los servicios de salud primaria, buscando el pleno funcionamiento de los centros y puestos de salud, las 24 horas, los 7 días de la semana.

Además, enfatizar el trabajo con las madres a nivel de consejería personalizada, ya que el cambio de hábitos nutricionales y de higiene en las familias hace la diferencia. Asimismo, priorizar el aumento en la cobertura y mejoramiento de la calidad de la educación preprimaria; la totalidad de los niños y niñas deberían asistir al menos a un año de preescolar antes del primer grado. La formación de docentes de preprimaria es muy relevante.

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