25/08/2015

¿Presupuesto Público o Piñata?

Hablar del presupuesto público en medio de esta tormenta política pareciera estar fuera de lugar; la preocupación generalizada se centra en encontrar una salida a la crisis política que vive el país. Sin embargo, basta con tomar un poco de distancia respecto de lo que sucede todos los días en materia política para reconocer que el control, manejo y abuso del presupuesto público están en el corazón del problema de la corrupción. En última instancia, buena parte del poder político se ejerce a través del manejo del presupuesto público, tanto del lado de los gastos como del lado de los impuestos, sino que lo digan quienes han estado a la cabeza de estructuras como “La Línea”, quienes han dirigido los tan cuestionados programas y fondos sociales o quienes negocian favores sindicales usando fondos públicos. El presupuesto público es, en última instancia, una poderosa arma cuyos usos deben ser cuidadosamente regulados. Un arma que, en malas manos, como ha quedado demostrado una y otra vez en Guatemala, puede causar graves e irreperables males.

A pesar del aumento sostenido del gasto y deuda pública durante las últimas décadas, la mayor parte de la población sigue sin ver resultados concretos y valiosos de la gestión pública, mientras que ha visto multiplicarse por miles las denuncias de mal uso de los recursos públicos y corrupción. No obstante, en el discurso dominante en el ámbito técnico en materia fiscal y el ámbito político casi nada se habla de la capacidad operativa real del Gobierno para producir resultados valiosos para la población, como tampoco de la forma en que las instituciones deben organizarse para alcanzar esos resultados o de la magnitud de los mismos. Expertos, técnicos, políticos, periodistas, organizaciones internacionales y ONG’s se limitan a exigir más gasto, tal y como puede observarse en una campaña publicitaria desplegada en la ciudad de Guatemala bajo los auspicios de un organismo internacional, como si lo único que se necesitara para tener un gasto público efectivo, eficiente y de calidad fueran los recursos financieros. Como si no se necesitarán de reglas, procesos, controles, planificación, metas, organización, monitoreo y evaluación. En las condiciones actuales, más dinero solamente significa más ineficiencia y corrupción.

En un informe presentado recientemente por el CIEN queda demostrado que el presupuesto tiene una serie de debilidades estructurales en la gestión del gasto que atentan contra la eficiencia y calidad del mismo. De nada sirve gastar cada vez más si la mayoría del gasto se pierde en ineficiencias, corrupción e inefectividad en la gestión del gasto público. En las condiciones actuales el presupuesto no es más que un saco lleno de agujeros en donde la mayoría del gasto se pierde y cada vez son menos los servicios que llegan al ciudadano. Esta situación hace imperativo detener esta carrera desenfrenada por aumentar el gasto público mientras no se hayan cerrado todos estos agujeros.

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