Pobreza sin fin – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
16/12/2015

Pobreza sin fin

Los niveles de pobreza en Guatemala son escandalosos, también la incapacidad para llegar a
acuerdos sociales y políticos que permitan generar condiciones económicas que permitan acelerar
la creación masiva de oportunidades de empleo formal por parte del sector privado. La misma
urgencia que tiene el combate a la pobreza debe tener la generación de empleo en Guatemala. Es
imposible pensar que a pura política social, incluso bien diseñada, el país puede llenar las brechas
de ingreso que genera la falta de empleo formal. Según la información reportada por el Banguat, a
finales de 2013 existían cerca de 1.2 millones de afiliados al IGSS. De estos trabajadores formales,
unos 600 mil trabajadores afiliados pertenecían a la categoría de Servicios de Administración
Pública. Un total que, según las notas al pie de las tablas que del Boletín Estadístico de Afiliación
del IGSS, incluye a los trabajadores del IGSS, a los presupuestados, en planilla y supernumerarios
del Estado. Si bien no se sabe a ciencia cierta el número de empleados en el sector público, el
número en cuestión se aproxima bastante a las estimaciones existentes.

Esto quiere decir que cerca del 50 por ciento del total de trabajadores afiliados al IGSS dependen,
de una manera u otra, del empleo público para tener trabajo; el 50 por ciento de afiliados,
aproximadamente, tienen un trabajo gracias a las empresas e inversionistas que han creado estas
oportunidades. Como muchas cosas en esta vida, este número cobra sentido solamente por
comparación. Por ejemplo, si se considera que la Población Económicamente Activa supera los 6
millones de guatemaltecos, el empleo formal privado asalariado representa solamente un diez por
ciento de todos los guatemaltecos en edad de trabajar. Una proporción alarmantemente baja para
un país con las necesidades de empleo como Guatemala. Peor todavía si se compara contra la
cantidad histórica de empleos formales generados por el sector privado en los últimos 40 años. A
principios de los ochenta, durante uno de los picos históricos de afiliación al IGSS, la cantidad de
empleados formales era muy similar a la de hoy en día. Han pasado más de 35 años y la capacidad
de generación de empleo formal del sistema económico sigue siendo el mismo.

Lo que es más grave, así como no se resolvió el problema de la falta de trabajo formal con el
crecimiento acelerado del empleo público en estas últimas cuatro décadas, tampoco se resolverá
así en el futuro cercano. Más allá de los gastados clichés utilizados de los opositores a todo lo que
pueda significar un mínimo de flexibilidad laboral, incentivos económicos a la generación masiva de
empleo formal y promoción de la inversión doméstica y extranjera, queda claro que no será posible
ganar la batalla contra la pobreza si no se promueven condiciones adecuadas para que el sector
privado genere más empleo formal. Mientras no se comprenda esto no habrá forma de evitar que
los índices de pobreza sigan en aumento.

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