Peor que el Perro del Hortelano – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
21/08/2014

Peor que el Perro del Hortelano

Ellos comen pero no dejan comer. No tienen propuesta para crear más empleos, pero se oponen a cualquier política que pudiera hacerlo. Demandan aumentos en los ingresos laborales pero se oponen a cualquier medida que pudiera aumentarlos a los millones de guatemaltecos que viven en pobreza y trabajan en la informalidad. Dicen defender derechos irrenunciables pero se oponen a que más guatemaltecos puedan gozar de los mismos. Dicen defender al pueblo, pero se oponen a las propuestas legítimas de la población para crear nuevas oportunidades de trabajo en el país. Peor que el perro del hortelano. Así es la oposición del liderazgo sindical, y de sus aliados de siempre, a la propuesta de diferenciación salarial presentada por los municipios de Masagua, Guastatoya, San Agustín Acasagustlán y Estanzuela.
La realidad en esos municipios, tal y como lo demuestran las encuestas nacionales de empleo, y como lo han ratificado públicamente los líderes políticos y sociales de esos lugares, es que no existen suficientes fuentes de empleo formal para absorber a toda la población desempleada y subempleada y que los niveles de ingresos laborales están muy por debajo del salario mínimo vigente en el país. Esto, claro está, después de casi medio siglo de continuas promesas por parte de políticos y líderes sindicales basadas en aumentos constantes al salario mínimo. Es difícil pedirle a alguien que siempre ha estado desempleado que no puede renunciar a sus derechos laborales, entre ellos el salario mínimo vigente, de un poco más de Q 2,100, cuando jamás ha ganado ni la mitad de esa cifra en toda su vida y nunca ha gozado de los derechos que la ley establece.
Es difícil entender la oposición del sindicalismo a la posibilidad que estas personas puedan ganar el doble de lo que hoy ganan en trabajando en la informalidad, el subempleo y el autoempleo. Qué sentido tiene para los habitantes de estos cuatro municipios que un líder sindical reclame que “los derechos de los trabajadores son irrenunciables y no pueden ser disminuidos” cuando la mayoría de los beneficiarios de la propuesta de diferenciación salarial nunca han tenido acceso a los mismos. O que otro líder considere ilegal la medida por el “derecho adquirido del salario mínimo” cuando casi nadie tiene acceso al mismo ya que no existen suficientes empresas formales interesadas en radicarse en esos lugares y crear plazas formales de empleo. Para quien no tiene empleo formal y acceso al salario mínimo, dado que no hay fuentes de empleo formales en esos lugares, y que nunca ha gozado de los irrenunciables derechos que establece la ley, ya que las empresas locales son muy pequeñas e informales para poder honrar tales compromisos, tales declaraciones de los líderes sindicales son un insulto aesas personas. En la práctica, estos líderes sindicales terminan exigiendo al pueblo fidelidad absoluta a celosos dioses falsos, que no son incapaces de cumplir lo que prometen pero que castigan duramente a quienes ponen en duda la validez de su doctrina.

 

 

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