Limitadores de velocidad – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
12/11/2019

Limitadores de velocidad

Escrito por Hugo Maul Rivas

Guatemala, 12 de noviembre del 2019

Si el objetivo es reducir “los hechos de tránsito” mediante el control de la velocidad con la que circula el transporte colectivo de pasajeros y de carga, bastaría con obligar a que todos los vehículos tuvieran una afilada espada adosada al volante (timón) de cada unidad. De manera que la punta de la filosa arma apuntara directamente al corazón del conductor. Sería tanta la efectividad de este mecanismo que no habría necesidad ya de exigir licencias para conducir vehículos automotores, mucho menos a usar dispositivos limitadores de velocidad. A todas luces, esta ingeniosa propuesta, conocida como el “Tullock’s spike”, por el economista norteamericano Gordon Tullock, no fue hecha para ser puesta en práctica sino para demostrar que lo único que hace falta para evitar conductas que pueden en poner en riesgo a otros es asegurar que los costos derivados de cada decisión recaigan totalmente sobre quien la tomó.

En tal sentido, el exceso de velocidad al conducir es tan peligroso como manejar bajo la influencia del alcohol, textear o hablar por celular mientras se conduce, no obedecer las señales de tránsito o manejar un vehículo con desperfectos mecánicos. Normas mínimas de conducta que difícilmente serán cumplidas en ausencia de la Ley y el Orden en las calles y carreteras del país. El uso obligatorio de limitadores de velocidad, en el mejor de los casos, solamente ayuda a modular uno de los múltiples factores detrás de los accidentes de tránsito. Estos dispositivos no son la única, ni la más efectiva, ni la forma menos costosa de evitar los accidentes. Si no, más barato saldría llenar de túmulos las calles y carreteras del país; opción que, como se sabe bien, resulta onerosa para el sistema de transporte debido que para rentabilizar este tipo inversiones se hace necesario, entre otras cosas, que los equipos circulen a la velocidad máxima posible. En el extremo, como se acostumbra decir en la jerga marina, “barco parado no paga flete”; condición límite que no dista mucho de lo que ya sucede dados los problemas de congestionamiento vehicular existentes y la mala calidad de buena parte de la infraestructura vial del país.

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