19/01/2016

Las mipymes y Jimmy

Cualquier visitante extranjero, ignorante de los usos y costumbres nacionales, después de haberse paseado por uno de los tantos pueblos del país, con sorpresa concluyó que “no sabía que en Guatemala existía una cadena de ventas de tortillas”, ya que a lo largo de su viaje contabilizó más de diez tortillerías con el mismo anuncio: “Tortillas los Tres Tiempos”. Esta epifanía permite comprender que una de las principales características de nuestras micro y pequeñas empresas es que la mayoría de ellas se dedican al mismo tipo de actividad económica, venden el mismo tipo de productos y sirven al mismo mercado. Una realidad que muestra nítidamente los límites a cualquier política simplista de fomento y apoyo a mipymes.

No se necesita explicar mucho el tipo de problemas económicos que afrontan este tipo de empresas en términos de crecimiento y sostenibilidad, dada la extensión de los mercados que sirven, la poca diferenciación de los productos que ofrecen, los niveles de ingresos de los consumidores que atienden y los intensos niveles de competencia derivados del elevado número de empresas que se dedican a producir y vender exactamente lo mismo. Además de estos problemas, afrontan también regulaciones laborales y tributarias imposibles de cumplir dados los bajos niveles de ventas, ganancias y productividad de las mismas. No se diga los elevados costos derivados del problema de inseguridad en el país. A esto hay que añadir los problemas concernientes con las limitadas capacidades gerenciales, contables y técnicas de los microempresarios responsables de estas empresas.

Ante este complicado escenario, una de las salidas más socorridas en la política pública para fomentar las micro y pequeñas empresas ha sido la facilitación del crédito. Una medida necesaria cuando dichas empresas muestran capacidad gerencial, productos de alta calidad, capacidad de exportar o de encadenarse. Sin embargo, muy limitada cuando las empresas no logran superar los otros problemas que afrontan para crecer y sobrevivir. Esto debe tenerlo en mente el nuevo gobierno, que ha anunciado que una de sus prioridades será el fortalecimiento de las mipymes. Por lo tanto, cualquier estrategia que se adopte debe ser integral y considerar factores críticos como la diversificación de productos; cambio de actividad productiva; encadenamiento con grandes empresas; capacitación en temas gerenciales; exportación de productos, y; absorción de tecnología. Cuestiones que se dicen fácil pero que cuesta mucho llevarlas a cabo, especialmente porque se necesitará el éxito de decenas de miles de mipymes para que el impacto sea notable. De esa cuenta, aunque el discurso oficial no lo reconoce claramente, no puede abandonarse la opción de promover el surgimiento y consolidación de grandes empresas, capaces de diferenciar su producción, orientarse a mercados más amplios, preferiblemente globales, con mayores niveles de inversión y productividad por trabajador y con el potencial de crear grandes cantidades de empleo formal de una sola vez.

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