15/03/2022

La pesada carga del incierto futuro

Escrito por: Hugo Maul Rivas

Guatemala, 15 de marzo del 2022

Según lo que se sabe, todo apunta a que los cálculos de Putin fallaron tremendamente; lo que se suponía sería una operación militar especial de corta duración, se convirtió en una guerra abierta convencional. Lo que se suponía duraría unos cuantos días, lleva ya varias semanas y no hay esperanzas de que termine pronto. Un pequeño error de cálculo que Rusia está pagando bastante caro en términos económicos y de pérdidas al frente de batalla; el pueblo ucraniano, en términos de sufrimiento, vidas perdidas y destrucción de sus ciudades y capacidad productiva; y el mundo, en términos de escaladas de precios en importantes materias primas. Las naciones que han resultado impactadas económicamente por este conflicto se hacen ahora la misma pregunta que Putin se hiciera antes de invadir Ucrania: ¿Cuánto durará este hostil ambiente? Un cálculo equivocado en esta materia, como lo demuestra la experiencia rusa en territorio ucraniano, puede resultar insostenible a mediano y largo plazo. A casi tres semanas de que iniciara este conflicto armado, lo único cierto es que la invasión a Ucrania no resultó ser tan rápida y fácil como esperaban las fuerzas de ocupación. Aunque existe cierto consenso alrededor de que este conflicto no tendrá una duración prolongada, tampoco existe garantía alguna de que el mismo alcance dimensiones mayores y se alargue por más tiempo.

Una reflexión que tiene importantes implicaciones para países como Guatemala que están otorgando ya, o piensan otorgar, apoyos de distintos tipos a la población que está siendo afectada por las perturbaciones externas. En términos generales, independiente de la forma particular que tomen las distintas medidas paliativas que pudieran diseñarse para este propósito, en todas ellas el costo del ajuste recae sobre las finanzas públicas. Dicho de otra forma, mientras el monto global del gasto público permanezca constante, los hoyos fiscales que resulten de otorgar subsidios o rebajas impositivas, inevitablemente, saldrán de la deuda pública. Lo que el Gobierno gaste en estos menesteres, tarde o temprano, saldrá del bolsillo del consumidor. Esto último, por aquello de que este tipo de medidas son fáciles de adoptar, pero muy difíciles de revertir; una cosa es hacer frente a estos costos durante un par de meses, otra muy distinta durante un semestre y otra de manera indefinida. Una dura lección que muchos países de Latinoamérica aprendieron a la mala a finales de los 70 y principios de los 80 del siglo anterior; países que trataron de hacer frente a perturbaciones parecidas mediante expansión del gasto, reducción de impuestos, creciente endeudamiento y monetización. Inconsistentes medidas que desembocaron en la Década Perdida.

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