28/10/2015

Jimmy: Victoria condicionada

No hace falta hilar muy fino para descubrir las razones detrás de la victoria de Jimmy Morales. La victoria de Jimmy es producto del hartazgo generalizado de los guatemaltecos con la política tradicional, la materialización del célebre canto de batalla de los argentinos en 2001: “que se vayan todos”. Para bien o para mal de todos los candidatos presidenciales que participaron en la primera vuelta, por más que algunos de ellos intentaran distanciarse de la política tradicional, ante los ojos del electorado todos ellos representaban más de lo mismo. En efecto, no todos los días se gana una elección presidencial sin haber presentado un detallado e ingenioso plan de gobierno, sin haber revelado los nombres y perfiles de quienes ocuparían los principales puestos de gobierno y sin una poderosa estructura partidaria que respalde el proyecto político. Elementos con los que sí contaban varios de los aspirantes a la Presidencia pero que, a la hora de la verdad, de poco o nada les sirvió haber contado con ellos.

Las circunstancias tan peculiares que rodearon la elección deben promover una actitud de profunda reflexión por parte de quienes resultaron ganadores. La aplastante victoria de Jimmy sobre Sandra Torres y Manuel Baldizón, dos de los más perfectos ejemplares de la política tradicional, solo puede ser interpretada como un mandato de la población para continuar luchando en contra la corrupción y la erradicación de las malas prácticas de la política tradicional. Aunque el nuevo gobierno debe tomar decisiones urgentes en asuntos relativos a las finanzas públicas, la SAT y la preservación del empleo en sectores clave para la economía, no debe olvidar que el mandato principal que ha recibido de la población es combatir la corrupción. Sería un error estratégico del nuevo gobierno olvidarse de este mandato y creer que tienen un amplio respaldo de la población para adentrarse en las complejidades de una complicada agenda de reformas económicas y sociales. Bastaría con administrar honrada y eficazmente los sistemas de salud, educación, seguridad y justicia para ganarse de nuevo la confianza de la población.

Ahora bien, al contrario de lo que empiezan a pregonar ya algunos cuestionados diputados que lograron su reelección, el nuevo gobierno no se encuentra solo en estas tormentosas aguas. El Congreso, sin duda, afronta un reto aún mayor. Si al nuevo gobierno no se le va a tolerar ningún movimiento en falso, mucho menos al Congreso; si al nuevo gobierno se le va a exigir una administración honesta y eficaz, más todavía al Congreso; si el nuevo gobierno tiene los días contados de no cumplir con el mandato básico que le otorgó la población, más los tiene el Congreso de continuar operando de la forma en que lo ha hecho en el pasado reciente. Al final de cuentas, el Ejecutivo, Legislativo y Poder Judicial se encuentran en la misma situación frente a las demandas populares de probidad, transparencia y efectividad en su actuar.

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