(In)Seguridad ciudadana: un asunto de acción colectiva – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
17/10/2014

(In)Seguridad ciudadana: un asunto de acción colectiva

En Latinoamérica dados los altos índices de criminalidad, el tema de seguridad ciudadana se ha convertido en la principal preocupación. El problema de la inseguridad es que combatirla es un asunto de acción colectiva. No se puede esperar que las manifestaciones criminales se reduzcan, si constantemente se le está “echando leña al fuego” que alimenta su subsistencia. Los delitos contra la vida, la integridad y contra el patrimonio no se pueden reducir si no se sigue una estrategia de acción colectiva desde varios frentes.

Abordaré el problema de la (in)seguridad ciudadana desde dos perspectivas: la primera es desde la perspectiva criminológica (enrolamiento criminal) y la segunda desde la perspectiva victimológica.

La ejecución de una actividad criminal requiere de recurso humano. El problema de acción colectiva reside en evitar como sociedad que los jóvenes vulnerables sean enrolados en actividades criminales. El análisis de la criminalidad en diversos países ha demostrado que no existe una relación directa entre pobreza o desempleo con los índices de criminalidad. Esto es así debido a que una carrera criminal puede analizarse como un oficio que requiere tanto la voluntad del individuo como las habilidades cognitivas (conocimiento) y el control emocional necesarios para llevar a cabo este tipo de actividades. La pobreza o el desempleo repentino no son detonantes para que un individuo pueda involucrarse con éxito en una carrera criminal, pero sí lo es la influencia de los pares (amigos) o del ambiente en el que la persona crezca. Por ello es importante invertir en acciones preventivas en barrios vulnerables desarrollando a los jóvenes en situación de riesgo.

Desde la perspectiva victimológicala acción colectiva para combatir la criminalidad puede entenderse a partir del seguimiento de una estrategia que en teoría de juegos se denomina la “estrategia terrorista”, la cual consiste en la adopción de una línea dura para no ceder ante las amenazas. Esta decisión es la de no pagar una extorsión o un rescate por secuestro (actividades utilizadas comúnmente por la delincuencia que tiene como fin el lucro). La expectativa de utilidad del criminal está influenciada por la probabilidad de obtener lo exigido, la cual incrementa en la medida que una de todas las víctimas cede.

Ceder ante una amenaza se vuelve un comportamiento egoísta y oportunista que destruye la acción colectiva y un incentivo para quien delinque. Un pacto gremial para penalizar a lo interno a quien realice un pago de este tipo y un acuerdo sobre la denuncia de estos hechos delictivos a las autoridades competentes constituyen acciones que ayudan a cohesionar grupos de víctimas y que permite en el largo plazo cortar un tipo de financiamiento a la delincuencia. Al final, lo que se busca es sostener este pacto de cooperación a través de lo que Jon Elster, interpretando a “Ulises y las sirenas” denomina “quemar las naves”, es decir, asegurar que una decisión tomada no pueda ser revertida a pesar que en el corto plazo pueda ser costosa, pero en el futuro y para la colectividad resulta beneficiosa.

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