05/02/2019

Golondrinas en pleno invierno

Escrito por Hugo Maul Rivas

Guatemala, 05 de febrero del 2019

Ayer, en El Salvador, la agrupación de la golondrina, bajo la marca partidaria del cuestionado partido GANA, arrasó en las elecciones salvadoreñas. Sin embargo, una golondrina no hace verano; tampoco un millón cuatrocientos mil. Mientras no cambie la inclinación del eje de giro de la Tierra en relación a su plano orbital respecto del Sol, el invierno seguirá siendo invierno; un período en el cual amanece más tarde y anochece más temprano hace frío. En el caso de El Salvador, así como de este lado de la frontera, esta metáfora debe hacer que uno se pregunte si basta con caras nuevas y discursos contra la vieja política para cambiar las bases estructurales de las cuales depende el desarrollo de estos países. En tal sentido, deberá Bukele hacerle frente una país con graves problemas de inseguridad, complicada situación fiscal, altos niveles de endeudamiento y estancamiento económico. Problemas cuya solución demanda más que simples discursos y desplazar la carga de la culpa a las fuerzas políticas tradicionales. Sobre todo, cuando las Nuevas Ideas, nombre de la agrupación política de Bukele, llega al poder en alianza con el cuestionado partido GANA, que llevara al poder a Tony Saca, expresidente ahora condenado por corrupción.

Contrario a lo que sostiene el presidente electo y muchos de sus seguidores, el fin de época del bipartidismo no necesariamente implica el renacimiento de la la política, como lo demuestra el multipartidismo guatemalteco. Mucho menos cuando se llega al poder en alianza con el partido que llevó al poder a uno de los gobiernos más corruptos y cuestionados en los últimos tiempos en El Salvador. Si Bukele no se zafa de tan incómoda compañía, abandona el discurso populista que caracterizó su campaña y mantiene a raya a sus excolegas del FMLN, tiene pocas esperanzas el país vecino de salir de sus problemas. Necesita Bukele una propuesta que sea susceptible de recibir el apoyo político de las fuerzas mayoritarias en el Congreso, ya que al carecer de una bancada propia, pronto podría ver limitado su margen de manejo. No se puede negar que la golondrina ganó y arrasó en El Salvador, pero para que exista un nuevo renacer en aquel país, así como al resto de la región, se necesita mucho más que bonitos discursos, grandes promesas y nuevas caras; hace falta, sobre todo, de honestidad, realismo, gente nueva, capacidad para gobernar, buenas ideas y disposición para construir propuestas comunes entre grupos antagónicos. Una golondrina o dos millones de golondrinas, por sí mismas, nunca harán que sea verano. Deberían ver los salvadoreños lo que ha sucedido en Guatemala y “poner sus barbas en remojo”; lo mismo habría que hacer de este lado de la frontera de cara a la elección que se viene encima

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