12/04/2022

Furiosos sí, rápidos no

Escrito por: Hugo Maul Rivas

Guatemala, 12 de abril del 2022

La distancia entre McAllen, ciudad fronteriza de Texas que colinda con Reynosa, Tamaulipas, México, y la cuenca del río Papaloapan, región cercana al istmo de Tehuantepec, es de poco menos de 1,200 kilómetros. Aproximadamente, la misma distancia entre Ciudad de Guatemala y San José, Costa Rica. Según algunos estudios, un camión cargado de piña producida en la cuenca de este río mexicano necesita 36 horas de viaje para arribar a la aduana de McAllen; en casos urgentes, el trayecto puede reducirse a 24 horas. Mientras tanto, dependiendo de la suerte con que corra el transportista, trasladar alguna mercadería desde Ciudad de Guatemala hacia San José, Costa Rica, puede tomar entre cuatro y cinco días. Si los productores costarricenses de piña decidieran exportar su fruta por vía terrestre hacia EUA les tomaría cinco o seis días cruzar los otrora territorios de la Capitanía General de Guatemala y menos de dos días el resto del trayecto en suelo mexicano. Es decir, recorrer la mitad de la distancia, entre San José, Costa Rica, y el istmo de Tehuantepec, toma de dos a tres veces más tiempo que recorrer la mitad restante hasta la frontera con EUA.

Aunque esta diferencia de tiempos obedece a distintos factores, sin lugar a dudas la razón principal de la misma es el cruce de fronteras. La gran diferencia de tiempos entre el recorrido en suelo mexicano y el recorrido en suelo centroamericano es que en el vecino país el transporte no necesita cruzar ninguna frontera para llegar a su destino. Así de sencillo. Aunque no se puede negar el papel primordial que juega la calidad de la infraestructura vial, al final de cuentas la principal razón de la diferencia de tiempos son los retrasos que significa cruzar una frontera cada 300 o 400 kilómetros. De no existir estas fronteras, probablemente los productores de piña costarricenses podrían poner sus productos en McAllen en tres o cuatro días, en lugar de los siete u ocho que hoy, si bien les va, podría tomarles.

Los cruces de fronteras representan un alto costo para todas las mercancías e insumos intermedios que se comercializan dentro del istmo centroamericano. No debe causar extrañeza, pues, que no se esté explotando al máximo las ventajas que la integración representa para la región; y que cada país intente depender lo menos posible de sus vecinos naturales para resolver sus problemas productivos. Un comportamiento totalmente opuesto a lo que el mundo esperaría de una región territorialmente tan pequeña, con tantas similitudes y tantas complementariedades productivas potenciales. No se ha caído en cuenta de que a los ojos de los grandes inversionistas globales Centroamérica, como un todo, compite con México o Colombia, por ejemplo. Muy pocos están interesados en las particularidades propias de cada uno de los cinco pequeños países la componen.

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