02/10/2014

Estabilización de precios: Populismo devaluado

En “tiempos de populismo devaluado”, tal y como denominara el editorial de ElPeriódico del pasado sábado a los intentos de estabilización de precios del actual gobierno, cualquier cosa es posible. Sin embargo, aparentemente influenciado por los cantos de las sirenas panameñas, específicamente, por el “canto” del presidente Varela, el mandatario guatemalteco ha caído presa de las engañosas promesas del populismo latinoamericano. La evidencia económica demuestra hasta la saciedad que los controles de precios no han funcionado en ningún momento y en ningún lugar.  Asimismo, la evidencia también demuestra que los políticos recurren a estas fallidas estratagemas cuando la inflación se sale de control, esto es, en general, cuando las tasas de inflación alcanzan niveles exagerados. Sabiendo bien que el costo económico del control de precios es el desabastecimiento de los mercados, los políticos prefieren el malestar social generado por los faltantes de productos que por los precios altos. Una decisión que tiene su lógica en el traslado de la responsabilidad de la inflación hacia los productores, comerciantes y empresarios que son castigados por los precios topes.

Lo que resulta muy difícil de entender en nuestro caso es que la tasa de inflación en Guatemala se ha mantenido en niveles históricamente bajos durante los últimos años. A pesar de todos los problemas en materia fiscal, la disciplina monetaria ha logrado mantener la tasa de inflación a niveles relativamente bajos. No obstante, el primer mandatario está empeñado en estabilizar los precios aunque estos, estadística e históricamente, estén estables. De ahí que resulte genial la calificación de “populismo devaluado” con que elPeriódico califica este tipo de medidas. Salvo que las autoridades estén dispuestas a hacerse de la “vista gorda” ante violaciones a los pactos de estabilización, cuestión que podría ocurrir por mil y un razones ajenas a la buena voluntad de los empresarios, no existe mecanismo de sanción para quien viole los mismos. De ser este el caso, tal esfuerzo de estabilización no sería más que una estrategia electoral del gobierno de turno para dar la impresión que se protegen los intereses de los consumidores. En caso contrario, tales pactos de estabilización, aceptados aparentemente de manera libre y voluntaria por los empresarios, esconden en el fondo la semilla de los controles de precios. Lo que podría parecer algo inocuo esconde en el fondo graves amenazas para la libertad de empresa y la propiedad privada.

Si el presidente está verdaderamente comprometido con la estabilización de precios debería considerar seriamente estabilizar los costos de producción de los bienes cuyo precio pretende controlar. Sobre todo, el costo laboral, que para muchos de esos bienes es el principal costo de producción. Dado que tal decisión, en última instancia, depende de su persona, debería anunciar de una sola vez el congelamiento del salario mínimo para este y el próximo año. Una medida que, sin duda alguna, no estaría dispuesto a tomar si todo este asunto de la estabilización tiene fines puramente electorales. 

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