30/09/2014

Diferenciación salarial

 

Los argumentos técnicos salen sobrando. Para los grupos sindicales radicales la fijación del salario mínimo no es asunto de tecnicismos, evidencia, eficiencia, capacidad de pago, diferenciales de productividad, etcétera. De esa cuenta, a nadie extraña la oposición de estos grupos a la propuesta de salarios diferenciados de las comunidades de Masagua, Guastatoya, San Agustín Acasaguastlan y Estanzuela. No podría ser de otra manera; este discurso radical no acepta excepciones, no permite interpretaciones distintas; no tolera interlocutores alternos, mucho menos liderazgos locales. Nada existe fuera del discurso; la realidad no admite lecturas distintas. Ningún tipo de acuerdo entre empresarios, trabajadores y autoridades es legítimo si ellos no dan su bendición. Poco importa que tales acuerdos se enmarquen perfectamente dentro de lo que establecen las leyes del país; que reflejen las condiciones materiales reinantes en los lugares; que representen una mejoría respecto de la situación actual de los trabajadores; que sean producto de la libre determinación de una determinada región; lo único que vale para ellos es su propia lectura de los hechos.

Contrario a toda lógica, esta ala radical del sindicalismo guatemaltecosostiene que mejor no tener un empleo y no tener ingresos salariales que tener un empleo en donde el trabajador obtenga el 60% ó 70% del mínimo. Se niegan a aceptar que Q 1,200 ó Q 1,700, en un empleo formal, con cobertura de la seguridad social, derecho a aguinaldo, Bono 14, vacaciones y en actividades no agrícolas es mejor que no ganar nada. Sostienen que el salario mínimo no se puede modificar aunque la inmensa mayoría del pueblo gane mucho menos debido a que no hay oportunidades de empleo en sus territorios. Sostienen que todo es culpa de los grandes empresarios que se niegan a pagar salarios más altos. Se niegan a aceptar que en Guatemala la mayor parte del empleo la generan pequeñas y medianas empresas que no tienen la escala y la productividad para generar más empleo o pagar el salario mínimo. Se niegan a aceptar que el empleo formal, en donde el nivel de educación y productividad del trabajador hace factible cumplir el mínimo, es una realidad de las áreas urbanas del país. En función de esa extraña lógica rechazan el clamor popular de las referidas circunscripciones geográficas y restan toda legitimidad a los acuerdos alcanzados entre las partes.

No se dan cuenta que mediante su oposición a este tipo de medidas están negando a los trabajadores informales de estos lugares la posibilidad de acceder a un empleo formal, en donde puedan gozar del pago puntual de sus salarios;gozar del aguinaldo y Bono 14, vacaciones y feriados; acceso a la seguridad social y a la jubilación. El salario mínimo es solo uno de los componentes del empleo formal, todos los demás beneficios deben ser contabilizados y tomados en cuenta dentro del debate en torno a esta propuesta. Es mejor un empleo formal de Q 1,500 al mes que un empleo informal de Q30 por día, cuando hay. Oponerse a esto es una injusticia social.

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