10/11/2020

Del desastre a la prevención

Escrito por: Hugo Maul Rivas


Guatemala, 10 de noviembre del 2020

Las consecuencias económicas y sociales de fenómenos naturales como la tormenta ‘Eta’, entre otros tantos fenómenos de este tipo, casi siempre dejan al descubierto dos tipos de comportamiento diametralmente opuestos por parte del sector público y la población: la poca atención que se pone a todo lo relativo a la prevención, antes que los desastres ocurran, y la elevada atención que se presta a todo lo relativo a las medidas de socorro, una vez el desastre ocurrió. El hecho es que los esfuerzos en medidas preventivas son de naturaleza muy distinta a los esfuerzos en materia de socorro y recuperación de la infraestructura. Estos últimos, por el tipo de contexto en el cual ocurren, reciben mucho mayor apoyo por parte de la población y de los grupos políticos que los primeros. Los gastos en socorro y recuperación conllevan, regularmente, mayores niveles de gasto público y de urgencia por parte de la población; los esfuerzos en prevención, por su parte, corren el riesgo de no ser comprendidos en toda su dimensión por la población potencialmente beneficiada, los funcionarios públicos a cargo de los mismos y los grupos políticos directamente involucrados. Es común que este tipo de medidas sean las que reciben menos atención por parte de todos, ya sea porque las mismas están asociadas a acontecimientos que se estiman son muy poco probables; por el excesivo énfasis en el corto plazo que generalmente tienen las autoridades de turno; o por los réditos que tiene en materia política dedicarse a resolver problemas que ya están pasando factura a la población. Si a la miopía característica del sector público se le añade la inercia burocrática y la corrupción, al final de cuentas, en la arena política resulta más fácil asegurar el financiamiento para atender emergencias derivadas de desastres naturales que conseguir fondos para medidas preventivas; y, desde la perspectiva de los damnificados, resulta mucho más probable recibir algún tipo de ayuda por parte del gobierno en una situación de emergencia que en otras circunstancias. Si a este tipo de comportamiento se le suma la miopía e inercia burocrática y la corrupción, no debe causar extrañeza que la respuesta a los desastres naturales siga enfocándose en ayudar a las víctimas y reparar los daños causados, en lugar de trabajar en medidas preventivas. Sería mejor ocuparse de la prevención en temporada de aguas mansas que preocuparse en medidas de rescate y socorro cuando “ya nos llevó el río”. Asimismo, como sería mejor planificar la infraestructura y las ciudades considerando eventos catastróficos poco probables, en lugar de suponer que esos eventos no ocurrirán; en otras palabras, como bien dicen en inglés, ‘shit happens’, lo importante es evitar que ‘the shit hits the fan’.

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