Consulta popular y medias verdades económicas – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
10/04/2018

Consulta popular y medias verdades económicas

Hay que ser muy soñador para creer que el resultado final del proceso en cuestión producirá un gran impacto positivo en el crecimiento económico de Guatemala.

10 de abril del 2018

Escrito por: Hugo Maul R.

¡Crecimiento económico! responde una entusiasta voz. Según los responsables de la campaña informativa sobre la próxima consulta popular, una de las múltiples ventajas derivadas de la resolución de este diferendo será un mayor dinamismo económico. A primera vista, un argumento perfectamente válido: en la medida que Guatemala obtenga recursos productivos adicionales producto de una resolución positiva del diferendo, se esperaría que mejoren las posibilidades económicas del país. En el caso de una resolución negativa, como mínimo se esperaría que se mantenga la situación económica actual. Delinear más específicamente el impacto económico del resultado de la resolución de este diferendo es una tarea sumamente complicada mientras no se sepa a cabalidad qué podría ganar o perder Guatemala producto de este proceso. Mientras llega el momento en que puedan conocerse con mayor precisión este tipo de detalles, cualquier aseveración respecto de los beneficios económicos esperados es incierta.

En todo caso, con puros fines ilustrativos, desde una perspectiva estática y en un escenario con probabilidad cero, si producto de la resolución de este diferendo Guatemala recuperara la totalidad de Belice, como mínimo habría que añadir la totalidad del PIB beliceño al guatemalteco. Utilizando cifras del 2017, esto implicaría unos US$1.8 billones más a los US$70.8 billones que ya alcanza el PIB de Guatemala hoy en día: un aumento de 2.5 por ciento respecto del valor total del PIB actual de Guatemala. Si se considera a Belice como un sector económico adicional en la estructura productiva nacional, el valor monetario de su aporte lo situaría como el tercer sector más pequeño del país, levemente por abajo del sector de la construcción. En términos muy aproximados, su contribución económica al PIB sería similar a la de los departamentos de Jutiapa o Huehuetenango. O bien, con el valor de la producción beliceña actual podría financiarse un déficit fiscal similar al que Guatemala ha experimentado durante los últimos años. Para lo cual habría que obligar a la población beliceña a trabajar forzadamente para nosotros por el resto de sus días, algo imposible e indeseable desde cualquier perspectiva y que los beliceños, acertadamente, nunca aceptarían por las buenas.

Hay que ser muy soñador para creer que el resultado final del proceso en cuestión producirá un gran impacto positivo en el crecimiento económico de Guatemala. Si bien recuperar territorio perdido y mejorar el acceso al Caribe son objetivos importantes, el impacto de esto es limitado mientras no cambie la forma en que se percibe el desarrollo. Mientras no cambien la forma en que se concibe y administra el desarrollo en Guatemala, los beneficios potenciales de la resolución del diferendo con Belice probablemente serán muy limitados. Si no se ha encontrado un modelo de desarrollo que permita crecer más rápido al país, no hay razón alguna para creer que los prospectos futuros de bienestar económico cambien drásticamente gracias a la resolución del diferendo con Belice.

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