22/10/2019

Buenas Instituciones y Buenos Ciudadanos

Escrito por: Hugo Maul Rivas

Guatemala, 22 de octubre del 2019

A nivel individual no hay quien no se considere listo, vivo o chispudo: pilas, en pocas palabras. Una sagacidad a nivel individual no se transforma fácilmente en una inteligencia colectiva que permita resolver los graves problemas que afectan a todos. En lo que al tráfico se refiere, por más que cada quien recurra a Waze para “burlar colectivamente al tráfico”, a maniobras abusivas y negligentes o a no respetar ni la más mínima norma de convivencia, no se diga normas de tránsito, el final de la historia es el mismo: valioso tiempo perdido batallando en el tráfico citadino. La aparente sagacidad a nivel individual parece desaparecer cuando se trata de resolver problemas colectivos; de repente desaparece el ingenio, aflora la torpeza y surge una marcada proclividad a apostar por soluciones fantasiosas. Individualmente muy listos, inoperantes en lo colectivo. Más allá de las características de “Tragedia de los Comunes” que tienen algunos de los problemas colectivos que afligen a la sociedad guatemalteca, en otros muchos casos el fracaso de la acción colectiva va más allá del típico conflicto entre costos privados y beneficios colectivos, tan hábilmente identificada por el famoso economista Mancur Olson.

La provisión de seguridad es uno de esos problemas en donde, como sociedad, sería más barato y efectivo contar con un buen sistema de seguridad pública, a nivel individual, para muchos, resulta más costo-efectivo contratar servicios de seguridad privada. Lo que individualmente es una decisión perfectamente racional, colectivamente termina siendo muy costosa e inefectiva. Con el agravante que, tal como lo identifica el famoso economista neo-marxista estadounidense, Samuel Bowles, en determinados contextos las soluciones individualmente motivadas, económicamente racionales, pueden terminar socavando los valores morales que hacen que las personas actúen de manera altruista y se comprometan a la búsqueda de solución a problemas comunes. Fenómeno que se exacerba cuando se trata de la provisión de bienes públicos, de los cuales, por definición, no se puede excluir a nadie en su consumo. Según este autor, cuando se trata de alcanzar objetivos sociales, el uso de incentivos económicos para alcanzar los mismos pueden desplazar (crowd out) al comportamiento altruista y generoso que se requiere por parte de todos. Problemas como los que afligen a Guatemala no se pueden resolver con actitudes como la de “el que viene atrás que arree” o “a mi me resbala, no es mi problema”; peor aún, cuando a este tipo de actitudes van acompañadas del irrespeto generalizado a la ley, de manera que cada quien hace lo que le viene en gana. Como dice Bowles, no basta con un arreglo institucional que provea los incentivos económicos correctos, hace falta también buenos ciudadanos.

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