20/10/2020

Aumento en deuda pública: ¿Lastre o salvavidas?

Escrito por: Hugo Maul Rivas

Guatemala, 20 de octubre del 2020

Según estimaciones recientes, los niveles de endeudamiento público alcanzados durante 2020 son los más altos de la historia contemporánea; esta es la consecuencia de la actitud de casi todos los gobiernos alrededor del mundo ante la amenaza del COVID-19 de “hacer todo lo que sea necesario”, con tal de preservar fuentes de trabajo, dotar de capital de trabajo a empresas con mayores problemas y garantizar niveles mínimos de consumo en poblaciones vulnerables. En los países desarrollados, el nivel de endeudamiento público, medido en relación al PIB, ha superado durante el 2020 el récord histórico alcanzado a finales de la Segunda Guerra Mundial; las economías emergentes no se han quedado atrás, durante la pandemia sus niveles de endeudamiento también han rebasado niveles históricos. Este “momento keynesiano”, en alusión a lo que el famoso economistas inglés recomendaba acerca del papel que el gasto público y el endeudamiento durante los malos tiempos económicos, tiene distintas implicaciones para países pobres que para países ricos; no es lo mismo endeudarse a tasas cercanas al cero por ciento, como ha sucedido en los países desarrollados, que endeudarse a tasas del siete o nueve por ciento, como ha sucedido en Centroamérica. Aunque en todos los casos es importante el uso honesto y efectivo de los recursos, en países que ya arrastraban problemas fiscales y de sostenibilidad de las finanzas públicas todavía más.

En ese sentido, hay que tener claro que no todos los destinos del nuevo endeudamiento son iguales; carecería de sentido endeudarse hasta “el copete” para ejecutar proyectos y programas mal diseñados, destinados a pagar deudas políticos o proclives a que se pierdan los recursos en corrupción. Algo que es más fácil decirlo que lograrlo, sobre todo cuando la efectividad, transparencia y honestidad en el manejo del gasto público ha brillado por su ausencia en el pasado reciente. Contar con acceso a nuevas fuentes de financiamiento en las actuales circunstancias es importante, pero más importante aún es garantizar que los recursos adicionales que puedan conseguirse tendrán un uso adecuado. En tal sentido, modificando la conocida recomendación keynesiana de cavar hoyos en la tierra, no basta con tener listas las palas para empezar a cavar zanjas, hace falta también saber cómo estas ayudarán al país a expandir sus capacidades productivas en el mediano plazo. Desde una perspectiva eminentemente práctica, el referido “momento keynesiano”, con todos sus riesgos potenciales, se justifica solamente en la medida que la deuda adicional coadyuve a preservar y mejorar la capacidad productiva y de generación de empleo existente. En caso contrario, además de tener que cargar con las consecuencias del COVID-19, habría que añadir el costo de nuevas deudas mal utilizadas al costo de la pandemia.

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