18/10/2022

Atrapados en el Activismo Fiscal

Escrito por: Hugo Maul Rivas

Guatemala, 18 de octubre del 2022

Por más que muchos países celebren ahora recuperaciones económicas milagrosas después de las fuertes contracciones económicas provocadas por el Covi-19, es momento de reconocer que buena parte de este efecto “rebote” tiene su origen en un fuerte activismo fiscal. En menor o mayor medida, casi todos los países del mundo recurrieron a incentivos de tipo fiscal para estimular sus economías. La mayoría de ellos recurrieron a transferencias monetarias a los grupos más golpeados por las medidas de contención de la pandemia; otros a la reducción de cargas impositivas para favorecer el consumo y la inversión; otros a subsidiar los precios de ciertos tipos de bienes y servicios clave para hogares y empresas; otros a ampliar ciertos servicios públicos relativos a la salud público y protección de grupos vulnerables; y otros a la construcción de infraestructura productiva. En la mayoría de estos casos, sino en su totalidad, esta combinación de políticas resultó abultados déficits fiscales y mayores niveles de endeudamiento, al punto que el incremento en la deuda pública durante 2020 es el grande experimentado por el mundo después de la Segunda Guerra Mundial.

Si algo ha quedado claro en esta materia a lo largo de los años es que, tarde o temprano, “el que la hace, la paga”. Esto es, cualquier expansión del gasto público o recorte impositivo que se otorgue en el presente será compensado en algún momento futuro con medidas en la dirección contraria. Para mientras, dependiendo de cómo se financió el incremento inicial del déficit fiscal, los ciudadanos sufrirán las consecuencias de este activismo fiscal en forma de inflación, aumento de tasas de interés y devaluación. Fenómenos, todos estos, que impactan negativamente los niveles de consumo de los hogares y de inversión de las empresas. La expansión del déficit fiscal que permite, en el corto plazo, mantener o aumentar los niveles de gasto de ciertos grupos de la población ante problemas transitorios, en el mediano y largo plazo provoca el efecto contrario en todos los demás grupos de la sociedad. En el caso de Guatemala, en donde cada día es más común que se exija al gobierno que regale dinero, llámese transferencias a veteranos militares o subsidio al diésel, es necesario que se comprenda que las ayudas que hoy se otorgan en nombre de distintos objetivos, mañana las pagará toda la sociedad en forma de más impuestos, mayores tasas de interés, menor poder adquisitivo de la moneda o menor cantidad y calidad de los servicios y bienes que produce el Estado. La suerte que corra este mundo en materia económica solo hará más o menos doloroso el proceso de ajuste que habrá que afrontar ante los excesos del activismo fiscal.

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