30/06/2015

Al servicio de la nación

El gobierno de Guatemala se derrumba como los escalones de una ruina vieja; la rapidez y profundidad de este derrumbe dificultan la capacidad para identificar claramente los problemas fundamentales que deben solucionarse. La crisis política en este momento electoral ha hecho que se fije toda la atención en la reforma de la normativa electoral, sin reparar que pueden ser más importantes los mecanismos rutinarios por medio de los cuales se ejerce el poder público, que la elección de aquellos que en teoría lo usarán.

La malversación de fondos públicos, el clientelismo y nepotismo en la contratación de personal en los distintos órganos del Estado, el robo de bienes públicos y el uso del poder público nacional y local para asegurar contratos de prestación de servicios, son quebrantos de la moral pública guatemalteca. Estos han sido posibles, en gran medida, por un servicio civil débil, en cuanto a asegurar el correcto y buen uso del poder público y efectivo, en cuanto a alcanzar los objetivos que justifican la acción estatal. Por ello es importante reconocer que el servicio civil es la pieza toral de cualquier gobierno. Gobernar no solo se trata de que el señor Presidente tome una decisión, sino también y principalmente, que esa decisión sea presupuestada, administrada, ejecutada, supervisada y evaluada correctamente. Una decisión pública que no pueda ser materializada, que no pueda hacerse efectiva, es igual a una decisión pública no tomada, o sea a la ausencia real y efectiva del gobierno. Eso sin tomar en consideración el costo social de la recaudación tributaria malgastada.

Esta es la situación general que sufre hoy el país: gobiernos que han sido incapaces de mejorar fundamental y estructuralmente la economía, la seguridad, la nutrición y la educación de los guatemaltecos, pero que sí han sido capaces de enriquecer apresurada, inmoral e ilegalmente a una camarilla de amigos y familiares de los políticos de turno. Es decir, hoy daría lo mismo que fuera el temible don Jorge Ubico o el amado Hermano Pedro de Betancur quienes resultaran electos para ocupar las sillas del poder público guatemalteco que, sin un buen conjunto de personas, recursos y procesos que materializaran sus sueños e ideas, estas se quedarían solo en eso: lindos sueños e interesantes ideas. Sin embargo, los acontecimientos recientes permiten ver una tenue luz al final del camino. Varias entidades públicas y privadas están tomando la reforma del servicio civil como un reto serio y esencial que los guatemaltecos debemos superar. Esta toma de conciencia es la que nos permite tener la esperanza que el servicio civil guatemalteco pueda mejorar y tener fe de que se pueda lograr en nosotros ese cambio. Sobre todo, la necesidad de la creación de una carrera administrativa pública y la homologación de los criterios con los cuales asignamos puestos y salarios públicos. En general, mejorar las condiciones dentro de las cuales los empleados públicos prestan sus servicios, para que estos contribuyan efectivamente al desarrollo general de nuestro país.

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