Un punto de inflexión – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
30/10/2014

Un punto de inflexión

Nuestro sistema político está a prueba y la República de Guatemala en gran cuestionamiento. Como dice el refrán “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”. Luego de varios años de aspirar a  un sistema democrático y casi 30 años de contar con un marco constitucional -en principio moderno, para épocas de paz- pareciera que muchas cosas no funcionan. Los deseos de la década de los 80s de contar con educación, salud,  progreso y justicia para los guatemaltecos están lejos. El bienestar no llega. La violencia continúa y las oportunidades son casi nulas.

¿Qué pasa con nuestro Estado?  Si entendemos Estado como una forma en que la sociedad se coordina con las instituciones públicas para tener resultados, verdaderamente podríamos cuestionar su eficiencia actual.  

Los partidos políticos son los llamados a dirigir en gran parte el país. Contamos con  29 partidos y 4 en formación. Parte del desafío es que ser político se ha convertido en una forma de ganar dinero y sus organizaciones “en máquinas electorales” para lograr el poder sin visión de Nación o Estado. La falta de principios, pocos valores e ideas claras, son parte del problema.

Escogemos al presidente y vicepresidente de la República, a los diputados y a los alcaldes y las autoridades municipales. Sin embargo, no seleccionamos directamente a los magistrados de las cortes, ni a las dirigentes del Tribunal Supremo Electoral, Contraloría de Cuentas y Fiscal General. De hecho nuestra Constitución señala un procedimiento indirecto donde academia, profesionales y autoridades hacen procesos, suponiendo escogerán a los mejores candidatos; métodos que han sido complejos en gran parte debido a la intervención de intereses espurios dentro las Comisiones de Postulación.

Lamentablemente no se puede dar por sentado que los gobernantes serán honrados y capaces, ya que la experiencia muestra que para que funcione una república debe haber pesos y contrapesos, división de poderes, controles, transparencia y límites.

Con valentía el Tribunal Supremo Electoral  inició a poner algunos límites para disminuir la campaña anticipada, llegando a suspender temporalmente partidos y hasta cancelar la inscripción de un secretario general. Ha sido complejo retomar la autoridad. Una magistrada con carácter puso un alto a la intromisión de funcionarios de un organismo en el otro al hacer públicos hechos de presión. La Corte de Constitucionalidad ha suspendido provisionalmente el proceso de elección de magistrados para analizar la legalidad del mismo luego de una serie de acciones de amparo.

Contamos con un  Congreso disfuncional que no permite que los  ministros actúen independientemente. Se hacen componendas politiqueras y acciones para favorecer a unos pocos sin respetar los procedimientos ni las calidades. Se gastan y despilfarran los recursos sin planificación, repartiendo los escasos ingresos fiscales en proyectos clientelares.

Resulta que nuestro sistema lejos de premiar la honestidad, la libertad y el respeto, ha permitido que personas sin escrúpulos sean los que dirijan y desgobiernen. Ya no hay diferencia entre el bien y el mal; casi todo es transa política, un frecuente chantaje y tráfico de influencias. Un guatemalteco apenas logra distinguir las funciones de sus  autoridades, mucho menos podrá exigir resultados.  Pareciera que lo que importa es el color del partido, y no el del país. 

Los valores de la sociedad se priorizan en función de la sobrevivencia. La vida no vale, el corto plazo es lo importante y el prójimo no interesa. ¡Sálvese quien pueda! “Si tienes dinero todo lo logras… y como lo veo en mi teléfono inteligente, seguro lo voy a obtener”.

La situación hace recordar las enseñanzas del libro “Por qué fracasan los países”. Penosamente aún no hemos sido capaces de diseñar instituciones económicas ni políticas que incluyan a toda la población. Por el contrario, en la práctica se está favoreciendo a un grupo determinado, lo cual hará imposible el desarrollo de los demás.   

Las ideas son importantes ya que le impregnan rumbo al país. Los principios son el ancla. Se podrán reformar las leyes y si deseamos también la constitución, pero, ¿cambiará algo? Si no respetamos los acuerdos mínimos, actuamos con criterio y delimitamos a varios políticos difícilmente saldremos adelante. Este es el momento para lograr un punto de inflexión en la historia de nuestra patria.  Dependerá de liderazgos morales, algunos sabios y otros frescos, que orienten y compitan contra las dinámicas nefastas de corrupción y abuso de poder que están llevando al país a la deriva. Requerimos una revolución, pero ética. ¡A cerrar filas, ejercer el Estado de Derecho e iniciar una nueva era para Guatemala!

Si no respetamos los acuerdos mínimos, actuamos con criterio y delimitamos a varios políticos difícilmente saldremos adelante.

 

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