Ingresos fiscales 2017 – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
26/07/2016

Ingresos fiscales 2017

Desde una perspectiva eminentemente técnica podría creerse que el debate en torno a la proyección de ingresos fiscales es un asunto que se limita a la precisión de las estimaciones y los supuestos detrás de ellas. En la práctica la situación es totalmente la contraria, más que la precisión de las estimaciones el arte consiste en conciliar los diversos intereses políticos y sociales que convergen dentro del proceso presupuestario. De esa cuenta, cualquier tipo de pronóstico sobre la recaudación fiscal futura deja de ser un puro ejercicio económico-estadístico para convertirse en un ejercicio político. Detrás de cada rigidez presupuestaria que involucra desembolsar fondos con nombre y apellido específico a una determinada institución, atados al monto total de ingresos ordinarios o a la recaudación de algún impuesto específico, existe una multiplicidad de grupos interesados en maximizar la “tajada” del presupuesto de ingresos del Estado que les corresponde. Lo cual, en parte, se garantiza forzando a que la meta de recaudación sea lo más alta posible y justificando, en función de los ingresos proyectados el máximo gasto posible.

Hace bien el Ministerio de Finanzas en someter al escrutinio público la estimación de ingresos fiscales para el Presupuesto Público 2017; la experiencia del gobierno anterior demostró cuán problemático puede llegar a ser este tema si no se maneja con transparencia y se atienden los criterios técnicos de las instituciones involucradas. Ante las fuertes presiones de gasto que experimenta el Minfin a lo largo del ciclo presupuestario, la proyección de ingresos fiscales se convierte en una forma de acomodar, en el papel, al menos, las crecientes demandas de gasto público por parte de las instituciones sin incurrir en mayores déficits fiscales. De esa cuenta, el Minfin tenderá siempre a favorecer escenarios optimistas de los ingresos fiscales futuros. La SAT, por su parte, tiene suficientes incentivos para mostrarse conservadora en su proyección de ingresos fiscales ya que, al final de cuentas, es sobre quien recae hacer realidad cualquier tipo de pronóstico por poco probable y ficticio que sea. Además, claro está, que es en función a esta proyección que se evalúa su funcionamiento.

Es muy pronto para echar las campanas al vuelo y proyectar cuantiosas mejoras en la recaudación tributaria basadas en fenómenos transitorios o en reformas que todavía no se conoce bien si darán los resultados esperados. Resultaría muy riesgoso que el exacerbado optimismo que reina en torno a la SAT diera pie para pasar por alto las claras señales de debilitamiento a mediano plazo que muestra la economía nacional, los riesgos de carácter externo que amenazan al país y la creciente incertidumbre política que reina en el país. En esta materia resulta mejor fallar por bajas estimaciones que quedar a deber por no alcanzar las metas proyectadas.

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