Desarrollo y prevención para jóvenes – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
28/08/2014

Desarrollo y prevención para jóvenes

 

No todos los jóvenes tienen acceso al desarrollo. Guatemala es un país de jóvenes: el 29% de la población tiene entre 15 y 29 años, y 47% son menores de edad, es decir, el 76% de la población tiene menos de 30 años. Esta cantidad grande de jóvenes, niños y adolescentes son una esperanza para el país, pero se requiere que ellos sean partícipes del círculo virtuoso del desarrollo, iniciando con una nutrición adecuada en las primeras etapas de la vida, una educación de calidad y el desarrollo de competencias para la vida y el trabajo. Este círculo virtuoso del desarrollo es el que ha ayudado a los países a aprovechar el “bono demográfico”, pues en las primeras etapas se invierte en los niños y adolescentes, a fin de insertarlos en la edad productiva con las capacidades necesarias. El bono demográfico es la situación transitoria en la que la población joven o en edad de trabajar, supera a los que son dependientes (niños y adultos). Países de Asia Oriental lograron aprovechar dicho bono demográfico partiendo de la reducción de la fecundidad y la mortalidad entre 1965 y 1990, lo cual provocó el crecimiento de la población en edad de trabajar. Esto fue apuntalado por una educación de calidad y la liberalización del comercio, lo cual absorbió a los jóvenes en el mercado laboral, mostrando tasas de crecimiento real de los ingresos per cápita del 6% anual en dicho periodo de tiempo.

 

Las condiciones de vida de los jóvenes guatemaltecos son precarias. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida –ENCOVI- 2011, el 59.5% de los jóvenes vive en la pobreza, situación difícil de solucionar, pues muchos de ellos no se están formando para el futuro. Se considera que una de las mejores estrategias para aprovechar el bono demográfico es aumentar la cobertura y la calidad de la educación secundaria –ello implica incrementar los niveles de eficiencia de la primaria y solucionar los problemas de nutrición infantil-, sin embargo, en Guatemala el 36% de los jóvenes con 15 años de edad no asisten a la escuela, cifra que alcanza el 69% de los jóvenes con 18 años. Asimismo, únicamente tres de cada diez personas entre 20 y 31 años han completado la educación secundaria. Según ENCOVI 2011, en dicho año había 126 mil hombres jóvenes y 107 mil mujeres jóvenes entre 15 y 29 años que no estaban estudiando ni trabajando, es decir sin una ocupación.

 

Urge reducir la tasa de homicidios. Guatemala posee una de las tasas más altas de homicidios de la región latinoamericana (34), aunque no todas las personas ni regiones tienen el mismo riesgo de ser víctimas de la violencia homicida. El 64% de los homicidios se cometen en 38 de los 338 municipios del país, y a pesar que el 29% de la población tiene entre 18 y 35 años, el 60% de las víctimas de homicidios se concentran en este rango de edad. En ese mismo rango de edad se encuentra el 63% de los detenidos por homicidios en el año 2013.

 

 

Es necesario priorizar una agenda de prevención del delito. Un delito es un acto voluntario del individuo y también es el producto de una situación social. Por una parte, la teoría que enfoca el delito como un acto voluntario analiza el delito como un cálculo de costos y beneficios asociados, de tal manera que un incremento en las penas o una certeza del castigo podría servir como disuasor del delito. Por otra parte, la teoría de las causas, pone énfasis en la estructura social y en una diversidad de factores que pueden resultar explicativos. Sin embargo, ninguno de estos factores son condiciones necesarias ni suficientes para que una persona cometa un delito, por lo tanto no se puede hacer referencia a las causas de un delito, sino a los factores de riesgo. Comportamientos personales como el abandono de la escuela a una edad temprana, la desocupación (cuando el joven no estudia ni trabaja), el abuso en el consumo de sustancias adictivas, el comportamiento violento, la portación de armas, y desajustes sociales como la urbanización desordenada, familias disfuncionales, ineficiencia policial y de la justicia penal, entre otros, son factores que afectan a los jóvenes y que los vuelve vulnerables al delito.

 

Contra los factores de riesgo, la prevención del delito requiere fortalecer los factores de protección los cuales ayudan a crear o reforzar la resistencia de comunidades e individuos a los riesgos, con base en sus cualidades. Para ello se precisa clarificar y detallar modelos estratégicos de intervenciones a diferentes niveles de prevención, enfocándose especialmente en los niños y jóvenes a través del desarrollo de oportunidades y en la educación para la ciudadanía. Asimismo, se requiere la corresponsabilidad de las personas y las familias a través del fomento de la responsabilidad individual, la práctica de valores y la convivencia pacífica. Nuestro anhelo es que cada guatemalteco tenga oportunidades de desarrollo, sea protagonista de su vida y participe como ciudadano.

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