Competitividad e impuestos – CIEN – Centro de Investigaciones Económicas Nacionales
05/08/2014

Competitividad e impuestos

 

 

Tal y como se ha planteado la discusión en torno a la Ley de Inversión y Empleo, pareciera que todo se resume a una contradicción entre la promoción de la competitividad y garantizar la recaudación tributaria. Se hace caso omiso de los efectos negativos que tienen los aumentos de impuestos, cambios de bases, continuas reformas tributarias y acrecentados controles de la SAT sobre la competitividad de las empresas y el país. Como si la presión fiscal sobre los contribuyentes no tuviera ningún efecto negativo sobre sus decisiones de producción, empleo e inversión. Se hace caso omiso que en nombre de aumentar la recaudación tributaria se han promovido y adoptado todo tipo de disposiciones que dificultan, entorpecen y encarecen la creación de nuevo empleo y nueva inversión en el país. Nada se dice que, en la medida que los problemas fiscales del gobierno se ha agudizado, han aumentado los costos en que incurren los negocios y los empresarios en sus operaciones diarias. Las continuas reformas tributarias no han resuelto el problema estructural de las finanzas públicas ni han favorecido la competitividad a nivel microeconómico.

Después de cuatro de años de un abandono completo del tema de competitividad, el gobierno de turno retomó el tema mediante una serie de reformas cuyo elemento simbólico principal es la Ley de Inversión y Empleo. Un intento de reforma que, lamentablemente, se redujo a un asunto de competitividad versus recaudación tributaria. A un asunto en donde la promoción de la competitividad parece tener un costo importante en términos de recaudación y de la estabilidad macroeconómica del país. Si bien un componente de la competitividad de un país es la disciplina macroeconómica, la experiencia prueba que la búsqueda de este objetivo únicamente mediante el aumento de la carga tributaria, sin hacer nada significativo del lado del monto, prioridades,  calidad, efectividad y eficiencia del gasto público, es un camino sin salida. 

La decisión que entraña la aprobación de la Ley de Inversión y Empleo, de ser ciertas las profecías apocalípticas de sus críticos, implicaría tomar una decisión entre promover la competitividad del país o privilegiar la recaudación tributaria. La pregunta clave es cuál de las dos dimensiones de competitividad privilegiar. La macroeconómica, que en su versión criolla consiste únicamente en mantener y aumentar la carga tributaria cueste lo que cueste, o la microeconómica, que implicaría evaluar la necesidad de mejorar los incentivos que afrontan las empresas. Tal y como se presenta el debate hoy en día, parece que las consideraciones tributarias terminarán por imponerse. Situación preocupanteya que,de persistir esta forma de pensar, lo único que se puede esperarse en el futuro es que aumentencada días más las cargas impositivas, regulatorias y los controles sobre las empresas más dinámicas y con mayor capacidad para generar empleo e inversión. 

 

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